Lunes, 05 Octubre 2020 16:12

Chespiritando a Cantinflas

Hace algunos años, “La Real Academia de la Lengua Española” vinculó a su diccionario el término “cantinflesco” que es la manera de hablar o expresarse de  forma incoherente o absurda, haciendo honor al comediante mexicano, Mario Moreno” Cantinflas.

Sin lugar a dudas el personaje colombiano que más practica esta forma de expresión, es nadie más ni nadie menos que la alcaldesa de Bogotá, Claudia Nayibe López, quien también rinde homenaje al personaje “chespiritiano” de la Chimultrufia, pues así como digo una cosa también digo la otra.

Desde cuando  actuaba como senadora de la república, avalada por el partido verde, era enemiga del acuerdo de paz, llegando a catalogarlo como una injusticia para con las víctimas del conflicto. Pero  se reúne a puerta cerrada con el entonces presidente Santos y como  por arte de magia cambia de opinión convirtiéndose en defensora a ultranza del maléfico negocio entre  los señores de las FARC y el ideólogo de la impunidad.

Contradictora acérrima de la reforma tributaria, la cual calificaba como atentado contra el pueblo colombiano, pero paradójicamente su voto fue positivo, aprobando lo que ella más atacaba.

Hablaba pestes del senador Gustavo Petro a quien atacó en varias ocasiones en plaza pública, pero en la segunda vuelta hace alianza con el dirigente de izquierda para apoyarlo en su objetivo presidencial, olvidando que según ella misma, el socialismo  es la peor amenaza para nuestro país.

Al inicio de la pandemia del covid 19, se enfrentó al presidente Duque, exigiéndole encerrar a la población, como el método más efectivo para evitar la contaminación, pero meses después, para justificar la reapertura económica en la capital, se atreve a decir que el mayor peligro de contagio está en la casa.

En su campaña a la alcaldía de Bogotá, aseguraba que trabajaría de la mano con la policía para erradicar la delincuencia en la capital, pero en el  primer instante que ve una oportunidad, los ataca lanza en ristre por el abuso de autoridad en el cual perdió la vida el taxista estudiante de derecho José Ordoñez, exigiendo una reforma en la institución y hasta pidiendo el desarme de los uniformado; Es decir que  para detener a un atracador, fletero o sicario, nuestros policías tendrían que ponerse a jugar al Stop, gritándoles “quedan detenidos, por favor vengan para esposarlos y conducirlos a la cárcel”.

Más triste aún, es el hecho, que siendo la  comandante en jefe de la policía en la capital, insinúe que la institución debe pedir perdón, que le haya puesto abogado a la familia de la víctima para que lleve el caso hasta las últimas consecuencias, buscando la condena de los uniformados y lograr  una buena indemnización por parte de la policía.

Me pregunto: ¿Alguna vez le pagará abogado a las víctimas de los sicarios, ladrones, fleteros o secuestradores?  

Con los desmanes causados por los vándalos disfrazados de protestantes, el gobierno asegura que miembros del ELN se infiltraron para destruir parte de la ciudad; sin embargo la burgomaestre dice que no, que es una falacia y que de ser cierto, el gobierno debió informar. Se le olvida a la alcaldesa que meses atrás, ella misma informaba por los distintos medios de comunicación la infiltración de las células urbanas del ELN en Bogotá.

Para rematar, convoca una reunión de reconciliación y paz con el presidente Duque, a la cual el mandatario informó no poder asistir, enviando una comisión que lo representara; sin embargo la alcaldesa, en un acto de mala leche, ordena a un funcionario del distrito, colocar un papel con el nombre del mandatario en una silla vacía, colocada con anticipación para hacer notar la ausencia del presidente.

Cosas como esta hacen que se pierda la credibilidad en una mandataria que hoy dice una cosa y mañana otra, que  sí sabe para dónde va pero no sabe cuál es el camino presidencial; que  cambia de ideas repentinamente como cambia el clima capitalino, lo que nos indica a las claras que más temprano que tarde la podremos llamar María Expropiación Petronila Lascuirán  y Torquemeda de Botija, o sencillamente  Chimoltrufia.

Por ahora es cuestión de esperar cual será el nuevo reversaso de la mandataria bogotana, que no oculta su ideología de izquierda, orientación que le dejó su mamita, ex integrante del M 19, porque así como dice una cosa, también dice otra, formando parte del selecto grupo cantinflesco, que habla sin decir nada, que es incoherente, pero que paradójicamente a muchos les agrada.

Nueva forma de hacer política, Chespiritiando a Cantinflas